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Desde entonces, un escalofrío lacerante había dibujado la curva de su espalda tatuada con signos de interrogación. En el escote de su blusa pensamientos de color violeta la ayudaron a despedirse sin entenderla. Se equivocó de cajón al colocar sus miedos y confundió el código cuando quiso descifrar los mil millones de instantes desapercibidos de la vida de ella. Ella, intermitentemente exiliada, hilvanada en su red de dudas, ella, escondida en un conjunto vacío, desconectada en una esfera blindada, sin intersecciones.
Oculta bajo la bóveda, una brizna de sol.